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11/08/2007 |
| De
Mecánica |
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Editorial |
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ANDAR POR CASA (Septiembre 05)
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"Hay más días que longanizas"
Refrán popular |
Ha pasado ya un año desde la última editorial, y el mirar atrás y
reconocer todo este tiempo que ha transcurrido me ha servido para dos cosas:
a) Para saber que no van a ser más de veinte o treinta las
editoriales de De Mecánica que haré en mi vida.
b) Para darme cuenta de que sacar el proyecto de De
Mecánica adelante es cada vez más complicado.
El año pasado nos planteábamos que sería de nuestra página, hagamos un pequeño
balance:
Ahora ya tenemos un dominio propio que nos permite mayor tráfico y espacio, sin
duda este ha sido el empuje más grande que ha tenido nuestra Web. Los amigos que
nos sigan de un año para atrás recordarán como a ciertas horas, generalmente las
primeras de la noche, cuando mayor aforo de visitantes teníamos, nuestro
servidor cortaba de cuajo el acceso y no quedaba otro remedio que esperar
cargados de paciencia. Bueno, ya está resuelto, a golpe de billetera claro, pero
bueno, uno espera que esto sirva para algo y como no bebe, ni ya fuma, se lo
toma como una inversión...
El Foro sigue
siendo el apartado de De Mecánica más visitado, le siguen de cerca la
página de Geotecnia y Cimientos y la de Cálculo, pero las
consultas son, sin duda, el impulso del resto de la Web. Nuevos amigos han
entrado a formar parte de los "colaboradores" durante este tiempo, mientras que
otros nos han abandonado -espero que sea temporalmente y que de vez en cuando
nos sigan visitando-. Ante el caos que ya empezaba a tener la sección no quedó
otro remedio que distribuir las cuestiones entre temas relativos a
Estructuras y temas relativos a Geotecnia y Cimentación, aunque a
veces, quizás lo habréis notado, hay consultas que no sabemos bien donde
encajar.
Actualizar diariamente el Foro es una tarea ardua.
Dada mi manera de ser, que es de naturaleza lenta, resultó que al final llegue a
la contradicción de tenerme que ir conformando con subir las cuestiones a la Web
y olvidarme de responder. Se podría, diréis, hacer un espacio dinámico, al
estilo de otros foros, donde lo que escriban los visitantes pase automáticamente
a la Web ahorrándose tiempo. Pudiera estar bien, no cabe duda de que sería más
cómodo, pero los pocos años de experiencia me han hecho
ver que aquello se parecería más a una colección de mensajes de móviles entre
quinceañeros que a un Foro sobre estructuras... ortografía -todos tenemos
errores, pero algunos...-, abreviaturas, signos de exclamación por doquier... en
fin que estamos ya un poco antiguos para estas cosas. Por otro lado, no todo lo
que se pregunta es razonable incluirlo en la Web, hay que velar por una media de
calidad que sin llegar a hacer del Foro una ponencia de la EHE, sí al
menos se reconozca como un espacio técnico. ¡Os sorprenderíais de lo que se
puede leer por aquí!
¿Estructuras y Arte? Bueno, hacemos lo que
podemos, desde luego no es de las secciones más visitadas, pero nos conformamos
con que siga viva y ampliándose. Es una de las secciones más personales y por
ello entendemos que no sea del gusto de muchos. A algunos esta mezcla les puede
parecer algo así como una hamburguesa de anchoas, pero quién sabe, platos más
extraños hemos probado en algún menú nupcial.
Contribuciones y Publicaciones son apartados
que tienen cierta aceptación -me refiero siempre a las estadísticas de visitas-
y que siguen creciendo. Las contribuciones han pasado a ser en su mayoría
programas y hojas de cálculo, dejando de lado a los artículos que nos parecen
también muy interesantes. Las publicaciones como se dice "son todas las que
están pero no están todas las que son". Prácticamente no está ninguna de la
bibliografía básica que solemos tener en un estudio o ingeniería, ya no digamos
en una Universidad; la mayoría están por un criterio de actualidad, pasaron
primero por la página principal cuando salieron a la venta o me sorprendieron en
la librería y después pasaron al apartado de Publicaciones.
Y por fin, el Curso...
Cuentan que Federico II de Hohenstaufen, el emperador
de la extraña cuarta cruzada, tuvo un encuentro con San Francisco de Asís cuando
éste volvía de Tierra Santa tras intentar convertir a los musulmanes a la
religión católica -¡ahí es nada!-. Al parecer la entrevista se produjo en la
ciudad de Bari, en 1222. Existe una leyenda al respecto que me será de utilidad.
Veréis, se cuenta que Federico, que debía de tener una insaciable curiosidad,
antes del encuentro hizo introducir a una seductora mujer en el dormitorio de
Francisco. La intención, claro está, era ver con sus propios ojos hasta que
punto era cierta la fama de santidad que ya por aquel entonces gozaba el de
Asís. Sigue la leyenda diciendo que Francisco tomó un broquel al rojo vivo y
ahuyentó a la doncella, y luego tendiéndose en en el suelo sobre una alfombra de
brasas animó a la mujer a que le acompañara (1).
Bien, algo parecido me pasó a mí el día en que se me ocurrió
la idea de dar un curso virtual, sólo que yo no estuve a la altura de San
Francisco y como quien dice terminé abandonándome a la tentación: puse el
anuncio -además dinámico para llamar la atención-, llegaron los primeros
correos, y ya parece que no hay salida. Este año, el mayor reto será por tanto
nuestro "Curso de Cálculo y Diseño en Hormigón Armado segun la EHE".
Preparar el material, elegir los alumnos, probar el funcionamiento a
distancia... en Octubre, si Dios lo quiere, desplegaremos las velas...
De Mecánica
(1) Tomado de "La extraña cruzada de Federico II" de
Pierre Boulle. Libro documento, Ediciones G.P.
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EN POS DE UNA VISIÓN HUMANISTA DE LA
CIENCIA DE LAS ESTRUCTURAS (Septiembre 04)
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"La inestabilidad estructural tiene
mucha similitud con la inestabilidad del comportamiento de los seres
humanos"
Aforismos estructurales. Javier Rui-Wamba (1) |
Comienza un año más el curso y desde De Mecánica aprovechamos por
ello para saludar a nuestros habituales, así como para darle la bienvenida a los
más recientes. Afrontamos esta nueva etapa con la ilusión de conseguir cierta
consolidación, tanto en contenidos como en visitantes, después de un inicio con
muchos titubeos.
Ya deben de ser más de dos años los que De Mecánica
tiene cumplidos. Aproximadamente allá por la primavera del 2002 salieron a la
red de redes los primeros balbuceos que trataban cuestiones puntuales sobre
normativa estructural mezclados con notas biográficas dispersas. Paulatinamente
fueron surgiendo otros capítulos, primero los más obvios relacionados con las
estructuras, tratando de enganchar a los profesionales de la disciplina; más
tarde otros, tratando de engatusar a los menos afines, esos que siempre son
reacios a todo aquello que tenga tufillo a matemática. Por último
apareció un espacio de consultas lo que atrajo a nosotros la colaboración
habitual de desinteresados profesionales y la figura de Estructurín, la
mascota creada con la intención de hacer más amigable la lectura de las
distintas secciones.
A dos años vista pues, creemos que sólo están
dispuestos los cimientos y falta todo por hacer. Pero, y ¿qué se pretende desde
De Mecánica? La verdad es que todavía no lo tenemos claro. ¿Un texto docente de
consulta? No, dado que nuestros conocimientos no son suficientes, el espacio se
quedaría pequeño, y además ya existe bibliografía especializada en el mercado al
alcance de lector interesado. ¿Un foro de consulta? Sin duda el apartado
de consultas es el más visitado por los profesionales y el que, gracias a
nuestros insaciables colaboradores, se ha convertido en la espina dorsal y sigue
creciendo día a día.
Pero también nos gustaría ofrecer algo más.
Quisiéramos en este mundo abrumadora especialización, transmitir al calculista
una cultura estructural, entendida ésta no desde el objetivo de ¿cómo se calcula
esta estructura?, que se puede desarrollar correctamente en los
estudios técnicos correspondientes así como en la posterior experiencia del
trabajo diario. No, nos referimos al punto de vista histórico y contextual, que
nos permita el ejercicio mental de recapacitar entre cálculo y cálculo tedioso
de la dichosa maquinita.
En general los calculistas adolecemos de soberbia. Imbuidos en nuestro trabajo y
en los medios técnicos de los que disponemos consideramos que nuestra generación
es mejor que las anteriores de las que no necesitamos nada. La realidad
es al contrario, a poco que lo meditemos nos daremos cuenta del escaso
repertorio de tipos estructurales a la que la generalidad de nosotros sabe
enfrentarse. La potencia de los nuevos medios de cálculo ha acarreado que perdamos capacidad de diseño y ganemos inseguridad.
Si nos gusta nuestro trabajo y queremos ir más allá de lo estrictamente
reglamentario deberíamos analizar las obras que han llegado a nuestros días,
estudiar sus tipologías, sus limitaciones, sus logros. Deberíamos conocer la
historia de nuestras ciencias: la Resistencia de Materiales, la Elasticidad y la
Mecánica del Suelo. Así valoraríamos el legado que hemos heredado del esfuerzo
de tantos genios y nos daríamos cuenta de lo estrechamente cercanos que
estuvieron nuestros orígenes con otras disciplinas que hoy nos parecen tan
lejanas: la Filosofía, la Astronomía, la Economía, el Arte, incluso la Religión.
Puede que no lo sintamos así, o mejor que no lo queramos dejar entrever, pero el
proceso de cálculo de una estructura en su globalidad se parece más a una
cuestión de fe que a un razonamiento matemático.
Bueno, todo esto es de lo que nos gustaría tratar de
impulsar en De Mecánica, una página con muchas limitaciones pero cargada de
intenciones. Como siempre seréis vosotros los que al final con vuestra acogida y
opinión iréis perfilando éstas vuestra páginas.
De Mecánica
(1) Tomado de "AFORISMOS ESTRUCTURALES que pueden
ser de utilidad para comprender determinados comportamientos de los seres
humanos". Discurso del académico electo Excmo. Sr. D. Javier Rui-Wamba Martija
leído en el acto de su recepción pública el día 17 de Marzo de 1998. Academia de
Ingeniería
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EL SENTIDO DE NUESTRO TRABAJO. DON JULIO
DÍAZ (Mayo 04)
"En cada uno de tus actos
pregúntate a ti mismo: ¿Qué tiene que ver esto conmigo? ¿No tendré que
arrepentirme de ello?"
Marco Aurelio, s. II d.C
Como sabéis, nos gusta aprovechar éstas líneas que nos presta la
sección del Editorial de De Mecánica, para traer a colación temas de
carácter más humano y filosófico que los que se tratan en el resto de secciones
que catalogaríamos como estrictamente técnicas.
Me propongo esta vez dedicar un momento a
reflexionar sobre un tema harto delicado, que bien se podría resumir con las
siguientes preguntas: ¿puede nuestra profesión aportar sentido a nuestras
vidas?, ¿colma de alguna manera nuestras expectativas?, ¿qué es aquello que
tendríamos que valorar más en el desempeño de nuestro trabajo?.
Todos nosotros elegimos en su día nuestra profesión,
algunos con más convicción que otros. En nuestro caso si os sirve de ejemplo,
engañado por el destino dado que nunca podríamos haber imaginado nuestra
dedicación actual, aturdidos entre normativas, melopea matricial y flectores-.
En términos generales la mayoría de nosotros nos levantamos cada mañana,
acudimos a nuestro puesto de trabajo pensando en el próximo fin de semana,
tenemos cara de pocos amigos los lunes que se va apaciguando a medida que se
acerca el viernes, nos quejamos porque cobramos mucho menos de lo que nos
merecemos, y si podemos criticamos a nuestro jefe y a nuestro compañero de
despacho ya que tenemos claro que su trabajo no es ni con mucho tan complicado
como el nuestro.
Además de todo lo anterior querríamos también hacer
entender que todos los trabajos son dignos en la medida en que nos consiguen un
sustento y a la vez sirven para realizar un servicio a los demás. También en la
medida en que suponen espacios de convivencia, de hecho generalmente pasamos más
rato con nuestros compañeros de trabajo que con nuestras familias. Además
tenemos la suerte de que nuestro trabajo puede desarrollarse en infinidad de
facetas, todas importantes y necesarias: profesores, proyectistas, jefes de
obra, investigadores, programadores, peritos, escritores, calculistas de sillón
fijo, etc., etc.
Pero ante cuestiones de tal calibre a nosotros no se nos ocurre otra cosa que
recoger retazos de la vida y de de la filosofía de otras personas más avezadas
que viven o vivieron nuestra misma situación. Para ello hemos elegido a dos
eminentes personas que ya nos dejaron: el ingeniero de caminos Eduardo Torroja,
y el arquitecto Gaudí; y a una persona que se dedicó concienzudamente a su
trabajo como formador, que podríamos llamar anónimo frente a la fama de los
anteriores, y al que sí he tenido el placer de conocer.
Torroja, quién todos seguramente coincidiríamos en
señalar como el estructuralista español más importante del pasado s. XX, figura
quizás no superada todavía incluso en el ámbito internacional, servirá para
ilustrar el valor del sentido humano del trabajo. A D. Eduardo la muerte le
llegó en su propio despacho, sin embargo, él conocía su fin próximo y dejó
escrita una carta de despedida a sus compañeros del Instituto que hoy lleva su
nombre. Poco se destilaba allí de hormigones y aceros, mucho acerca del valor de
las personas. Decía el profesor en dicha carta (1): "A mí personalmente sólo
me corresponde el éxito en la elección de las personas y en haberos preparado el
ambiente de trabajo y de colaboración; lo demás es todo vuestro. Y muy por
encima de los resultados técnicos valoro la experiencia realizada en sentido
humano". Alguien podría refutar estos argumentos alegando que dichos
agradecimientos son los exigidos por el decoro, si bien decimos nosotros, no
cuando se trata de un escrito como este, casi un testamento, que el profesor
podía haber evitado escribir.
Frente a Torroja, Gaudí es el ejemplo más claro de
otro enfoque distinto de la vida. Frente al ajetreado Instituto Técnico de la
Construcción donde principalmente se desenvolvió Torroja, Gaudí vivió su trabajo
a la manera de un ermitaño. Gaudí llegó a convertir el hacer arquitectura, en su
oración. Hombre profundamente religioso, que no llegó a formar una familia y
vivió para y por su trabajo, optó por un camino que analizado desde el
punto de vista contemporáneo parece cuanto menos poco atractivo. Sin duda alguna
sus numerosos encargos para la iglesia contribuyeron a construir en el
arquitecto esta simbiosis entre expiación, naturaleza y religión. Especialmente
Gaudí no sería el Gaudí que conocemos sin su proyecto de la Sagrada Familia,
proyecto al que consagró encarecidamente los últimos años de su vida.
El genio de Reus, del que corren noticias sobre su beatificación y posible
nombramiento como patrono de los arquitectos, murió tras ser atropellado por un
tranvía. Al parecer en el momento del accidente llevaba encima una Biblia, unas
pasas y unas nueces, y vestía tan humildemente que parecía un vagabundo con lo
que los conductores de los taxis se negaban a detenerse para llevarlo a un
hospital.
Como dijimos, también queríamos traer a colación un
ejemplo más cercano a nosotros tanto en el tiempo como en el espacio del que
creemos es un trabajo bien hecho: D. Julio Díaz, un antiguo profesor de la
asignatura que allá cuando estudiábamos, con el conocido como plan del 75, se
llamaba Física, así a secas; y que englobaba temas tan trascendentes para un
técnico como lo son la Estática, la Dinámica de sólidos y fluidos, la
Termodinámica y la Elasticidad. Se entiende que aunque esta asignatura
constaba de tres cursos académicos, es decir, se dividía en Física I, Física II
y Física III, que se correspondían con los tres primeros años de carrera, para
lo común de las mentes se dilataba en el tiempo y los tres años se hacían
cuatro, cinco y hasta diez.
Pues bien, D. Julio Díaz, Julio como lo conocíamos sus alumnos, es un abulense
que se hizo perito industrial en Sevilla, ciudad donde se casó y se quedó, que
sepa felizmente hasta el día de hoy. Fue mi maestro y el de otros muchos
arquitectos que pasaron por la Escuela de Arquitectura de Sevilla que sin duda
le estaremos siempre muy agradecidos. Para todos nosotros desgranaba los
entresijos de la Física este hombre recio, colorado y entrado en arrugas a los
lados de sus ojos tristes enmarcados con gafas. Cuando sacaba a alguien a la
pizarra, generalmente a aquel que el consideraba que podía resolver los
entresijos propuestos, lentamente mesaba su bigote pensativo, esperando a que le
sorprendiera la solución, a la que desde su sitio señalaba con su vara mientras
razonaba su aprobación en voz alta.
Julio se ganaba la vida desenredando la física a aquellos alumnos, como era mi
caso, que desorientados en la Universidad, se podían permitir el lujo de pagar y
asistir a su academia. Por ello no podía permitirse el aburrimiento e hilaba sus
clases de tal manera que sin duda son aquellos momentos los que más
recordaremos. En sus cautelosamente calculados paréntesis extraía sus ejemplos
de la vida cotidiana y conseguía hacer agradable y a ratos hilarante el mundo de
la física y de las estructuras. Dignas de grabación hubieran sido sus historias
sobre rótulas reales con esfera y piel, su demostración de que lo que mueve a
los coches no es otra cosa sino el rozamiento, o sus representaciones de abuelas
traccionadas para ejemplificar como actúan las tensiones. A Julio le ganaba la
pena cuando explicaba la Segunda Ley de la Termodinámica, ley en la que el
intuía un terrible mandato, algo comparable con la exhortación de Dios al
expulsar a Adán y Eva del paraíso, cuando nos trasladaba la imposibilidad de
encontrar una máquina que funcionara según el ciclo de Carnot. D. Julio Díaz nos
invitó a cultivar un espíritu ecológico postulado desde la Termodinámica, que se
traducía en sabios consejos: dejarlo todo y trasladarnos a una casa en el campo
con una gallina, una vaca y un huerto. De esta guisa me lo imagino en estos
días.
Quisiera cerrar esta pequeña meditación nuestra
sobre el sentido de nuestro trabajo con un párrafo de nuestro polifacético Oscar
Tusquets. Este pintor, escritor, diseñador y arquitecto catalán escribió un
libro de fácil lectura y que servirá para todo aquel que quiera profundizar de
una manera amena en lo que en esta editorial se ha tratado. El libro en cuestión
se titula Dios lo ve (2) y busca las razones por las que artistas y
técnicos a llevaron sus trabajos más allá de lo que en principio su
funcionalidad o necesidad requería, de manera que parafraseando el título
parecería que sólo Dios se daría cuenta de ese extra. El texto elegido explica
el porqué del libro y se sitúa en un capítulo sobre el adiós de Dalí, pintor
ahora en plena actualidad dado que se cumplen ahora cien años desde su
nacimiento:
"Dalí no había necesitado la fe religiosa que tanto decía envidiar a otros
porque, de hecho, la muerte no figuraba entre sus proyectos. Hasta entonces
había vivido su propio engaño, inconsciente, siempre alegre y positivo; pero
cuando la certeza del fin se hizo presente, éste estaba demasiado próximo, y
Salvador demasiado debilitado para poder afrontarlo.
Estoy seguro de que el haber sido testigo de la tristísima decadencia del
Maestro va a marcar el resto de mi vida. Aunque desde joven he sentido la
presencia de la muerte, debo esforzarme, día a día, para que su llegada no me
pille tan de improviso y tan desvalido como a mi estimado amigo. (Si bien en
este momento redactar la memoria de un proyecto me parece un suplicio, quizá en
el futuro me decida a escribir algunas ideas; reflexiones sobre mi profesión,
sobre arquitectura y diseño, y sobre los absurdos de ciertos lugares comunes que
me enervan. Si estos textos tuviesen una aceptable acogida, puede ser que
incluso me arriesgase a escribir un libro sobre temas que me importan realmente
más, como la ambición artística y la muerte. Si lo llego a hacer, tengo pensado
llamarle Dios lo ve)."
En definitiva, ¿por qué no aprovechar algo que nos
es tan abundante como el trabajo para darle algo más de sentido a nuestra vida?
De Mecánica
(1) Podéis leer esta carta entre otras publicaciones
en Eduardo Torroja, su obra científica. Publicación de la Asociación de
miembros del Instituto Eduardo Torroja y del Ministerio de Fomento.
(2) Dios lo ve. Oscar Tusquets Blanca. Editorial Anagrama.
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FRASES, ESTRUCTURAS
E HIPOGRIFOS. (Marzo 04)
Llegaba hace poco a mis manos un ejemplar de las Gregerías
de Don Ramón Gómez de la Serna, estas metáforas tan ingeniosas, y he ahí que al
inicio de su lectura, la cual recomiendo encarecidamente, aparecía la siguiente
gregería: "La unidad de fuerza de los motores de aviación no debía ser el
caballo sino el hipogrifo o el clavileño".
A pesar del error académico que perdonarán a Don Ramón que no era técnico
sino escritor, ya que literalmente el caballo de vapor, como por todos ustedes
es sabido no es una unidad de fuerza sino de potencia, me gustó tanto la frase
que me dije que de alguna manera tenía que contársela a los asiduos a De
Mecánica.
Así pues, pensé en un articulillo a base de frases relacionadas con las
estructuras, si bien un estudio pausado de la gregería de Don Ramón daría de sí
para un editorial completo: podríamos por ejemplo investigar un poco y descubrir
que al caballo de vapor también se le denomina caballo fuerza, con lo que D.
Ramón no tendría toda la culpa del gazapo anterior; podríamos indagar el por qué
del nombre de dicha unidad con lo que terminaríamos también hablando del
ingeniero inglés James Watt e indudablemente del caballo -el animal de trabajo
en las minas de carbón- y del vatio; y podríamos hasta con un poco de paciencia
buscar un dibujo de un hipogrifo y consentir en que dicho animal fabuloso mezcla
de caballo, león y águila sería una estupenda elección para designar cada pedazo
de potencia de un motor de avión.
Tirando del hilo con esto de las frases célebres, si
hacemos caso a lo que D. Álvaro García Messeguer cuenta en uno de sus libros, el
profesor Eduardo Torroja solía decir a sus alumnos que "las estructuras de
hormigón armado no trabajan como se las calcula, sino como se las dimensiona".
Una variante más divertida de la misma tuve el gusto de escucharla no hace mucho
en boca del profesor y decano Ricardo Aroca, en una de sus lecciones, decía así:
"El hormigón armado no sabe de cálculos, sólo de armados, entre otras cosas
porque no se añade la memoria de cálculo a la hormigonera". Convendría
recalcar estas sentencias especialmente a nuestros queridos estudiantes, que
atiborrados de teoría nunca deberían olvidar que lo que finalmente se realiza en
obra se basa en unos resultados plasmados en planos -y en mucho sentido común-,
los cuales por supuesto no saben de omegas ni de nodos... No nos perdamos por el
camino.
Escribía también el magnífico arquitecto José
Antonio Coderch al hilo del análisis de su edificio madrileño "El Girasol" dos
ideas sin desperdicio. La primera a buen seguro traerá la polémica a un foro
como éste: tras corroborar que en su edificio había sacrificado la estructura
frente a la planta arquitectónica Coderch decía: "Una estructura perfecta creo
que no puede dar un proyecto perfecto"... La segunda, algo más estructural, era
un viejo dicho que al parecer le contaba su padre, ingeniero de caminos:
"Donde hay hierro, hierro hay, y donde hay exceso de hierro, hay
equivocación...".
En fin, no nos olvidamos del "ut tensio sic vis"
-como el alargamiento, así es la fuerza- origen de todas nuestras
pesquisas estructurales actuales, que el celoso Robert Hooke encriptó en el
anagrama "ceiiinosttuv"; ni de D. Felix Cardellach y de su
sentencia "En definitiva, que con frecuencia discurre inútilmente la
técnica por el mundo matemático" de su prefacio a su Filosofía de las
Estructuras.
A buen seguro, hay muchas más, tantas como para llenar un gran libro, pero
quisiera que terminaremos esta editorial con una anécdota al hilo de la célebre
pregunta del libro de Salvadori "Why Buildings Stand Up" -Por qué las
estructuras no se caen-. Cuenta el propio autor que al regalarle a su suegra
un ejemplar de dicho libro, en su nonagésimo segundo cumpleaños ésta le replicó
"Esto está muy bien, pero yo estaría más interesada en leer por qué se vienen
abajo" (1), y es que como dice mi media naranja aquejada por mis
paranoias estructurales cada vez que con torpeza me equivoco en cualquier
razonamiento evidente: "tanta estructura..."
(1) Al autor no le quedó otro remedio que hacer
caso a su suegra y escribir "Why Buildings Fall Down" - Por qué las estructuras
se vienen abajo-.
De Mecánica.
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NORMAS ARCANAS: LA COMPLEJIDAD DE LA NORMATIVA.
(Diciembre 03)
Recuerdo
que el año pasado tras asistir a una charla sobre durabilidad del hormigón en
el Instituto Eduardo Torroja, comentaba con uno de los asistentes a los que allí
conocí, y que precisamente pertenecía a un grupo de trabajo sobre durabilidad de
la EHE, la cada vez mayor complejidad de las normas e instrucciones.
Las normas, le decía, se están convirtiendo en materia para especialistas; cada
vez le es más complicado al proyectista poseer un manejo global de éstas.
Sorprendido, al poco de mi acoso, él mismo reconocía no tener control más que de
aquel capítulo de la Instrucción sobre la que el trabajaba habitualmente.
Podemos decir sin temor, que actualmente poseemos
una normativa de gran calidad en construcción y especialmente en el campo
estructural. Las distintas NBE, las sucesivas EH y EF en sus versiones actuales
EHE y EFHE, las NTE, etc. han sido y son normas, que creo, están al mejor nivel
internacional atendiendo a las peculiaridades del sector de la construcción
español.
Sí, existen carencias: no existe nada normado de carácter reglamentario para algunos materiales
-madera, piedra, nuevos materiales como algunos tipos de bloque, etc.-, o bien
algunas normas quedaron obsoletas con el paso del tiempo (ciertas NTE, la FL-90,
incluso la misma normativa de acciones NBE-AE-88). La existencia de dichas
carencias está saliendo a la luz con la implantación de la LOE y la cobertura
obligatoria de seguros: dado que la normativa actual posee agujeros -y que el
Código Técnico no termina de asomar cabeza-, y no hay referencias claras a la
hora de calibrar el riesgo de las edificaciones, las entidades aseguradoras
ponen trabas y se muestran recelosas cuando se le presentan edificaciones en estas situaciones.
Con éste pequeño artículo querría expresar la que
creo es pretensión de muchos técnicos: queremos normas mejores, sin duda, pero
no por ello más complejas. Se vislumbra por parte de los legisladores y las
Comisiones Técnicas correspondientes una actitud de trabajo, que se refleja en
la abundancia de publicaciones (guías y monografías) aparecidas para ahondar en
el conocimiento de los documentos normativos. Sin embargo, no deja de sorprender
que después de salir la instrucción EHE, proliferen en el mercado publicaciones
como la Guía de la Instrucción EHE -guía publicada por el mismo
Ministerio de Fomento y en la que a veces se contradice el articulado de la
propia EHE-, la EHE explicada por sus autores, o el Manual de
aplicación de la EHE, todos libros interesantes y de buena acogida en el
mercado, pero claramente sintomáticos de la falta de información.
Considero la nueva EFHE mucho más arcana que su
pariente anterior la EF-96, la EHE más enrevesada que la EH-91, y así en
general. Cada vez es más difícil calcular un elemento estructural sin la ayuda
de un programa informático, ni siquiera una cuantía geométrica, y ¿quién controla
la rigurosidad de los programas informáticos?. ¿Qué ocurrió con la filosofía del
Método del Momento Tope?, ¿acaso no son compatibles ambas vías?.
He comprobado como a los alumnos de las carreras técnicas les supone un trago
pasar de las asignaturas de resistencia de materiales en general, a aquellas en
que se dimensiona según normativa. La normativa es abstracta y entrecortada,
dice pero no aclara ni sistematiza, y de nuevo el alumno se ve irremediablemente
obligado a buscar apoyo en la literatura técnica.
Los legisladores deben ser conscientes del grado de
exactitud con el que se calcula, así como de que en general ante la complejidad
de la normativa el técnico termina dándose por vencido y actuando "a ojo de
buen cubero", lo cual puede llegar a ser contraproducente.
No queremos normas peores, sí igual de rigurosas
pero más sencillas de aplicar, ese es el reto.
De Mecánica.
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